sábado, 14 de noviembre de 2015

FLUIR, UNA PERSONALIDAD AUTOTÉLICA.

“¿Cómo puede la educación en general contribuir al desarrollo de este estado de bienestar personal profundo que es posible conseguir?” Fluir, Mihaly Csikszentmihalyi.

Si dicha pregunta se me hubiese planteado antes de leerme este libro, Fluir,  mi respuesta habría sido la siguiente: “sin obligar a nadie a aprender”. 
Ahora bien, una vez  me he leído el libro, se podría decir que mi respuesta no varía, pero mis argumentos sí, pues quizás esté más formada tras la lectura o por lo menos, he pensado sobre el tema más detenidamente. 
Considero fundamental la presencia de normas y reglas durante el proceso de enseñanza y aprendizaje, pues éstas son las únicas capaces de mantener el orden; pero el objetivo de dichas normas y reglas no va más allá del equilibrio entre los valores sostenidos por los conocimientos y los desafíos que éstos plantean. 
Cualquier persona dispuesta a aprender poseerá una serie de metas fijadas por él mismo, y la imposición de otras, de valor personal,  por personas ajenas, únicamente provoca y logra en la mayoría de los casos la pérdida de interés en lograr las puestas personalmente y el impedimento de disfrute de la experiencia de aprender. Con esto quiero referirme a aquellas situaciones en las que el aprendiz siente como una obligación el aprender, y no como una experiencia positiva y enriquecedora para uno mismo. 
Fluir en el proceso de aprendizaje depende de la valoración de dicho acto por parte del que va a aprender. Dicha persona experimenta el flujo cuando, siendo consciente de lo que está haciendo, es capaz de valorarlo y extraer de ello una experiencia positiva, pues sabe reconocer sus beneficios, provenientes de sus metas fijadas;  las cuales derivan de una meta común en el proceso de aprendizaje: la adquisición de conocimientos. 
Mi opinión personal se centra en el error de imponer una serie de metas a la persona que tiene el interés de aprender, pues de este modo se impide el flujo, el disfrute y una personalidad autotélica. 

Para contribuir en el desarrollo de este estado de bienestar, la educación debe preocuparse por alimentar las metas fijadas por cada uno, para que de ésta forma sus logros se conviertan en nuevas metas, y los desafíos en experiencias positivas. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

PONLE CARA A...




Elena Martín,  Álvaro Marchesi y César Coll fueron los protagonistas de una entrañable reunión a la que asistieron compañeros de profesión, o al menos, pertenecientes al mismo ámbito. Allí se trató el tema de la educación, se identificaron los problemas presentes en ella, sin dar pie a una dramatización.

 La ideología deseada en nuestra sociedad, respecto a la educación, se basa en un sistema educativo orientado a lo público, provocando competitividad y favoreciendo a los más débiles. Una educación que no dificulte el aprendizaje a aquellos que tiene ya más dificultades de por sí, es decir, no a las escuelas exclusivas. 

Álvaro Marchesi nos habla de una renovación del concepto de calidad, lo cual no significa buscar una alternativa. En el libro escrito por él y Elena Martín, “ Calidad de la enseñanza en tiempos de crisis”, destaca el problema estratégico de hablar de la exclusión como calidad. 
Destaca también la intención de los autores de re-conceptualizar el modo de aprendizaje. Hablan entonces de la coordinación de los maestros y la escuela con otros sectores, tales como la familia, servicios de salud: creación de redes de centros. También hablan, de la interacción en el aula, donde influyen factores como el desarrollo de la clase, el liderazgo, las tareas y el currículum del profesorado. Entonces, expresan necesarios debates y argumentaciones con datos entre todo el personal. 

Más adelante comienzan a hablarnos de la LOMCE. En cada capítulo de su libro van señalando sus puntos de vista sobre ella, hablan de las reválidas, de la vía de segunda calidad,… 
El libro de dichos autores, escrito post-LOMCE, tiene como fin influir en la calidad, en las vidas educativas. Pretende perdurar en el tiempo y así conseguir un equilibrio en la educación.
Interviene entonces César Coll, resaltando la importancia de las ideologías en la educación. Hace una breve reflexión académica, trata ideas políticas. Dice así: “Tenemos datos, opinemos”. 
César Coll rechaza la definición de calidad de educación dada por la LOMCE,  sin excelencia ni equidad no hay calidad.

Todos los autores nos mostraron su convicción acerca del “pacto educativo” en tiempos de crisis, del cual, César Coll nos pregunta a dónde tiene que llegar, dónde está su objetivo,…
El titulo del epígrafe del libro es:  Regreso a la ley de 1960”. Coll nos explica que dicho regreso plantea un problema ideológico mas que legitimo. 

El problema de la LOMCE es que nos retrotrae a los túneles del pasado de nuestra historia. Nos lleva en sentido contrario, a los sentidos a los que la educación debería ir. La gestión de dichas políticas educativas se apuntan a aspectos energéticos: la sociedad de hoy en dia ya no aprende lo mismo. No sabemos lo que aprende la gente. El problema es pues, que no tenemos los mismos problemas de épocas anteriores, siguen teniendo la misma importancia pero no las mismas soluciones nos sirven. 
César deja paso a Alejandro Tiana, del que me puedo destacar lo que más me llamó la atención, y fue la siguiente reflexión: “¿Qué es mejorar y cómo se mejora?”

También habló del sistema escolar, el cual debe incluir la educación, la enseñanza, y el aprendizaje. 
Tiana diferencia el tiempo de crisis que estamos viviendo en dos, uno económico/presupuestario y otro educativo. Habla de los factores adicionales que influyen en esta crisis, y son los cambios de nuestros métodos, de nuestras tareas, nuestra nueva concepción del mundo, y nuestros nuevos conocimientos, que todos ellos son cambios  acelerados que conllevan a una crisis acelerada y por lo tanto a unas condiciones cambiantes de ésta aceleradas.


Entonces nos plantea lo siguiente, que me deja pensando durante semanas: “¿Causa los efectos deseados los cambios educativos legislativos que producimos?” 




jueves, 29 de octubre de 2015

SI ESTO ES UN HOMBRE


Pánico, depresión, hiperactividad, ira, culpabilidad,…Todos alguna vez nos enfrentado a estos sentimientos. Multitud de circunstancias se han contrapuesto en nuestros caminos. 
Las personas sufrimos temor ante lo que pueda llegar a pasar, miedo a lo que nos ha sucedido, y esto va desencadenando en nosotros diversos estados de ánimo y de actitud que de alguna manera determinan la resolución del problema original. 
Cuando nos sucede algo lo primero que queremos es obtener respuestas que nos ayuden a comprender lo que está pasando, pero en la mayoría de los casos, cuando lo que nos sucede es realmente “grave”, cualquier respuesta es insuficiente. Es entonces cuando todo depende de nosotros. Todo pasa a ser algo tan subjetivo como el modo en el que nos enfrentemos a ello.

Existen distintas maneras de afrontamiento, pero la única imprescindible para nuestra propia superación es creer en nosotros mismos. 
Creer en nosotros provoca un aumento en nuestras fuerzas, en nuestras esperanzas, y sobretodo, en las ganas de ganar aquella batalla que nos enfrenta. 
Solemos pensar que aquella batalla es externa a nosotros pero en verdad se encuentra en lo más interno de nuestro ser, a lo que nos enfrentamos, lo que debemos superar son los propios límites que nos imponemos cada uno, y de esa manera tratar de ver la luz del final del túnel. 
Fueron la tenacidad, la fuerza de voluntad, la constancia y el rechazo de la vía fácil lo que marcó la diferencia entre los presos de los campos de concentración. 

Existen tragedias a diario, unas de una gravedad mayor que otras, pero al final, dicha gravedad está condicionada por nuestro afán de superación. Querer ver alcanzable un problema es el primer paso hacia dicha solución, y cuanto menor lo veamos más cerca veremos la meta.

Del testimonio de Primo Levi me quedo con algo que me ha llamado mucho la atención: 
“Los mejores eran siempre los primeros en morir”. De ahí el sentimiento de culpabilidad del autor, pues gracias a su capacidad de superación, a su viva y constante esperanza, logró ser uno de los supervivientes de una de las mayores tragedias de la historia de la humanidad. 

Logró adaptarse a la situación de tal forma, que aún manteniendo sus valores, realizó acciones contrarias a ellos, sabiendo que esa sería la única forma de volverse inmortal ante aquellos que querían robarle la vida y convertirle en algo, y no alguien, que no era.      


                            

martes, 13 de octubre de 2015

SOMOS LO QUE DAMOS




Cuando pensamos en niños, solemos imaginarnos niños buenos y generosos, repletos de bondad y ninguna maldad. No es lo normal pensar en niños malos, no es la imagen que más les caracteriza. 
Por mucho que los niños tengan la ventaja de nacer buenos y serlo mientras no conozcan el mal, es muy importante guiarles hacia una vida inspirada en la ayuda al prójimo. 

Hacer voluntariado en la comunidad, irse con una ONG a un país en vías de desarrollo, etc, son buenos ejemplos de una vida dedicada a los demás, pero a los niños basta con enseñarles la gran importancia de los pequeños detalles: compartir el material, ayudar con los deberes, limpiar el aula ensuciada por otros, … Todo ello son pequeñas acciones, que lejos de ser insignificantes, marcan un camino lleno de crecimiento, de aprendizaje, de satisfacción, bondad, compañerismo, y sobre todo, felicidad. 

Poco a poco, a través de estos gestos hacia otros, y siendo quienes los reciben, los niños van apreciando sus efectos positivos. Empiezan a valorar a los compañeros que les ayudan y que ayudan al resto y de esta forma observan la importancia de sus propios actos. Sintiéndose bien después de realizarlos, comienzan a hacerlos de una manera autónoma y espontánea, sin esperar recibir nada a cambio más que la propia satisfacción y bienestar. 


La elección de este tema surge una propia valoración de la transmisión de valores, de la ejercitación del compañerismo y la bondad. 

El mejor momento para aprender a valorar esta forma de vida es cuando somos niños, cuando aún somos inocentes y la maldad no nos ha perturbado. 
Los niños son felices y quieren seguir siéndolo, pero además no les gusta ver a nadie triste; el mal les hace rehuir, les incomoda y molesta, por ello debemos enseñarles la manera de eliminarlo de sus vidas lo máximo posible. 



lunes, 28 de septiembre de 2015

EDUCADO POR VALORES




Ayudar a los demás es algo que llena, es algo que marca y engancha.
Se trata de millones de pequeñas o grandes acciones dedicadas a algo o alguien. Se lo dedicamos a aquello que creemos lo merece, lo necesita, y nosotros no solo se lo damos, si no que se lo dedicamos.
 ¿Qué diferencia hay? Que tonteria, ¿no? pues no creo que lo sea. Cuando dedicamos aquello que hacemos es por que de verdad lo sentimos, por que estamos poniendo nuestro corazón en ello, algo nos ha conmovido, nos ha llamado o provocado, y nuestro corazón es el que responde. De esta forma transmitimos amor, cariño, bondad, generosidad, esperanza, lucha y mil y una cosas más. Transmitimos valores. No es sólo la ayuda que reciben si no aquello que sienten al recibirlo. Dan escalofríos...

Una persona que dedica parte de su tiempo a otras personas, no lo hace por mera compasión, no lo hace por placer, lo hace por que el también siente. El también recibe a cambio una serie de sentimientos nuevos, sentimientos que brotan en su interior como consecuencia de su labor. Es agradecimiento, es admiración, asombro, bondad mutua, amor mutuo, cariño… 

Uno se siente reflejado en sus acciones y aprende de ellas. Una persona se hace persona, no nace siéndolo. 
Debemos mirar en nuestrro interior, y para ello permitir que nuestros sentimientos y pasiones, nuestras inquietudes y destrezas, salgan al exterior, revelando al mundo para poder decir: “Aquí estoy yo”. 



“Lo infinito del otro se abre cuando uno se da. somos lo que damos”. (Autor anónimo).